Corazón Suturado

¿Puede un suceso traumático convertirse en una experiencia vital positiva? Esta es la historia del hombre del  corazón suturado.

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Ahí estaban los dos. Sentados uno enfrente del otro. Él con un café  Ella con un concentrado  proteínico.

 

¿Puedo verlo?– dijo Selina

Por supuesto– respondió Neil

 

Se desabrocho los botones de la camisa hasta mitad del pecho y retiro el lado izquierdo para dejar al descubierto una especie de tapa. Estaba hecha de alguna de esas aleaciones nuevas, ligeras pero resistentes. Apoyo tres dedos en los laterales. Presiono y giro la tapa hasta que se escuchó un “click” y la retiro para depositarla encima de la mesa delicadamente, dejando al descubierto una cavidad metálica. Se la habían implantado finalmente para evitar tener que abrir cada vez que era necesario reparar. Dentro  había un  corazón que  latía a un ritmo pausado. Estaba cubierto de cicatrices y en una esquina tenia hilo de sutura que lo recorría en diagonal con puntos separados con una precisión milimétrica. El doctor Harris siempre fue muy meticuloso, de eso no cabía duda. Accionó las dos válvulas interiores para poner el sistema en bypass y con mucho cuidado, agarró con una mano el corazón y lo sacó. Con la mano libre, le junto las manos a Selina y le depositó el  corazón en ellas.

Al contacto con sus dedos  empezó a latir más rápido de golpe. Selina se sobresaltó y le miro a los ojos asustada.

 

Tranquila, es normal. Cuando no está bombeando mi sangre suele acelerar el ritmo y además está totalmente enlazado conmigo, es sensible a cualquier  emoción que yo sienta incluso cuando está fuera de mí.

 

Selina sonrió y bajo la mirada al  corazón que tenía en las manos. Era curioso lo metafórico que resultaba ese momento. Algo similar, pero no en un plano  físico había pasado hacia unas semanas. Neil se lo había ofrecido, pero hasta entonces ella no se  había atrevido a decirle que era “AL”, Artificial Lifeform, sintéticos como los  solían llamar los humanos. Los crearon originalmente para trasplantes de  órganos, luego como casta trabajadora y finalmente fueron liberados al darse cuenta que  tenían conciencia propia. Con la libertad llegó  también la ley que les  prohibía mezclarse con humanos. Pensaban como humanos, sentían como humanos pero no podían amar a humanos. Cuando Neil se declaró unas semanas  atrás, ella tuvo que  decírselo y esa herida recién cosida la provoco ella.

Sujetó el  corazón con una mano mientras con la otra dibujaba las cicatrices con un dedo.

 

¿Cuándo lo supiste? Lo de tu  corazón me refiero- dijo sin levantar la mirada.

Desde bien pequeño, mis padres se dieron cuenta que cuando algo me hacía daño, fuera físico o no, me dolía más de lo normal. Así que tras muchas vueltas por diferentes médicos, dimos con el doctor Harris que se dio cuenta de mi “especial corazón”. Puedo sentir las cosas de manera mucho más intensa que cualquier persona normal, pero a cambio, el dolor emocional se refleja de manera  física en mi corazón.

¿Y no te da  vergüenza que puedan ver tus cicatrices?

Son mis cicatrices, ¿por qué debería avergonzarme enseñarlas? Son parte de mí. Van conmigo a donde yo voy. No se trata de atraer la compasión, se trata de enorgullecerse de lo que has vivido, porque al final, cada una de ellas cuenta una historia irrepetible y lo que realmente importa, es con que parte de esa historia te quedas. ¿Ves esta que va de punta a punta? Fue mi primer gran amor. Me dejo por otro, pero cuando la miro, recuerdo todas las cosas en las que nos iniciamos juntos. O aquella de la derecha, ¿para qué voy a quedarme con un rechazo si me puedo quedar con las conversaciones  cómplices que  manteníamos por internet? Esos puntos que ves  ahí, son tuyos y en poco tiempo  serán una cicatriz más. ¿Debo quedarme con el momento en que me dijiste que eras una “AL” y que lo nuestro no podía ser o mejor conservo este momento y la cena de hace un par de semanas? Créeme, yo lo tengo claro– Afirmó con rotundidad Neil mientras  sonreía.

¿Y duele?- preguntó sin dejar de maravillarse de como el corazón respondía ante el estímulo de sus dedos pasando suavemente por cada una de las cicatrices.

¿Qué si me duele? No, sólo cuando me río…

 

Selina levanto la vista de golpe y frunció el ceño, seguía costándole diferenciar cuando Neil hablaba en serio y cuando le tomaba el pelo. Él le guiño un ojo en señal de que era una broma, evidentemente.

 

Una vez cicatrizado, ya no duele y todas siempre acaban cicatrizando. Por eso te digo que no vale la pena regodearse en un dolor que más tarde o más temprano pasará. Es mejor recordar que parte te interesa y que parte no.

¿Y de nosotros que es lo que quedará?– Pregunto Selina con voz triste mientras le devolvía el corazón.

Eso solo el tiempo lo dirá.- Se volvió a colocar el corazón en su sitio y cerro la tapa de nuevo. -Nuestro momento ya ha quedado grabado de una manera u otra. Cuanto tiempo lo recordaremos es algo que no se puede saber. Yo tengo un corazón con cicatrices que sirve como libreta de notas, tú un cerebro con nanoplacas de memoria que registra todo de manera automática y solo puedes borrar de forma voluntaria. En cuanto a nosotros, la ley solo prohíbe tener una relación de pareja, nadie ha dicho nada de tomar algo en una cafetería…

 

Ambos sonrieron y continuaron con sus bebidas y sus anécdotas… y con sus vidas.

 

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